Kuwait, derrochar sin pecar.

Tras una larga estancia en varios países de creencias musulmanas, comienzo este artículo pidiendo perdón por mi visión subjetiva de las cosas, por los estereotipos que desde occidente marcan al mundo árabe como algo negativo y peligroso y por el continuo generalizar de la población. No hay peor enemigo de la cultura y el conocimiento que la ignorancia y el miedo, por eso es importante observar, escuchar y vivir antes de opinar y hablar sobre lo desconocido.

Cuando cualquiera toma la decisión de visitar Kuwait y se lo comunica a sus más allegados, ya sea por motivos personales, vacacionales o profesionales, todo el mundo tiende a confundirlo con Dubai, dos países muy distintos a pesar de su cercanía geográfica y cultural. Países árabes que plantean grandes dudas sobre qué llevar en la maleta, prohibición y censura son las principales palabras que resuenan en tu cabeza.

Lugar: Kuwait. Fotografía: Bunny BellaVita.

Lugar: Kuwait.
Fotografía: Tania Pastor.

Kuwait es un pequeño país árabe situado en el Golfo Pérsico, un Emirato de monarquía constitucional que comparte fronteras con Irak por el norte y Arabia Saudí por el sur, fronteras que a menudo nos recuerdan conflictos bélicos. Tiene una extensión de 17.820 km2 y una población que casi alcanza los tres millones de habitantes. El idioma oficial es el árabe, aunque mucha gente habla inglés, ya que el país se independizó del Reino Unido en 1961. Su moneda es el Dinar kuwaití, la más alta en la actualidad, debido a que su economía se basa fundamentalmente en la comercialización del petróleo, Kuwait posee la cuarta mayor reserva del mundo.

El gobierno guarda el 10% de los beneficios de estas explotaciones en un fondo común para el futuro y de vez en cuando, el emir hace generosos ingresos de dinero a los habitantes de nacionalidad kuwaití. A pesar del continuo movimiento de grandes cantidades de dinero y de los altos índices de inmigración de escasos recursos económicos, sorprende que sea uno de los países más seguros del planeta. Se debe a las grandes restricciones, a las fuertes penas y a una educación sobre el respeto hacia los demás que ya se ha instaurado en la sociedad, tanto local como extranjera. Es importante sentirse seguro y libre de delincuencia en un lugar en el que a la mayoría de la población le sobra el dinero.

Lugar: Kuwait. Fotografía: Bunny BellaVita.

Lugar: Kuwait.
Fotografía: Tania Pastor.

Kuwait es un país de contrastes y desigualdad constante. Destacan los edificios en ruinas, la escasez de infraestructuras y la falta de mantenimiento de estas, frente al lujo de los rascacielos de arquitectura imposible y los impresionantes centros comerciales repletos de tiendas con impagables precios. Mencionar que no pagan impuestos y que la luz es gratis para los kuwaitís, así que no escatiman en iluminación, no para facilitar o mejorar la vida de los ciudadanos sino para hacer brillar sus exuberantes construcciones y para llamar la atención sobre los colores de su bandera.

Digna de admiración es la apertura y hospitalidad de sus mezquitas, así como la simpatía y generosidad de su gente. La seguridad con la que defienden sus creencias y la facilidad con la que ofrecen toda información disponible sobre el tema. Sintiéndose orgullosos de ser musulmanes parecen entender que existen otras creencias y religiones, ante todo las respetan. Podríamos decir que hoy en día, Kuwait es un país conservador sumergido en la tradición pero con sus puertas abiertas.

Lugar: Mezquita de Fátima, Kuwait. Fotografía: Bunny BellaVita.

Lugar: Mezquita de Fátima, Kuwait.
Fotografía: Tania Pastor.

Lugar: Gran Mezquita, Kuwait. Fotografía: Bunny BellaVita.

Lugar: Gran Mezquita, Kuwait.
Fotografía: Tania Pastor.

El petróleo allí es casi regalado, el litro de gasolina cuesta unos 0’15 céntimos de euro así que todo el mundo tiene transporte. Por esto los peatones no son importantes, ir andando a cualquier parte es impensable. Escasean las aceras y los pasos de peatones respetables, pues los coches de alta gama son los auténticos amos de las calles. En Kuwait cualquier espacio, peatonal o no, se convierte en improvisado aparcamiento para estos dueños y señores del asfalto. Al ver las señales de tráfico es lógico pensar que las normas de circulación existen, pero nadie las respeta: partiendo de los adelantamientos por el arcén, los cambios de sentido sin sentido, la invención de carriles donde no los hay, los acelerones en los continuos atascos para vacilar de coche, las caóticas rotondas de “sálvese quién pueda” y las carreras improvisadas a cualquier hora. Algo curioso es la denominada Love Street, una calle en la que los atascos son continuos y los jóvenes se dedican a flirtear, aprovechando la larga espera intercambian teléfonos y notitas de coche a coche.

Lugar: Torres del Agua, Kuwait. Fotografía: Bunny BellaVita.

Lugar: Torres del Agua, Kuwait.
Fotografía: Tania Pastor.

No hay agua dulce, es el único país del mundo sin reservas de agua naturales. Con el clima desértico y las altísimas temperaturas que alcanzan, las ganancias del oro negro las gastan en comprar el oro más valioso del mundo, el agua. Así como otros muchos recursos alimenticios que tienen que importar del extranjero, porque con petróleo habrá dinero pero sin agua no hay vida. Han conseguido desalinizar el agua del mar para facilitar su supervivencia, pero es una técnica que tiene sus límites. Por todo esto los cultivos escasean, de ahí los altísimos precios de algunos alimentos y su rápida caducidad. Algo bueno, hay depósitos de agua y grifos de agua potable por todas partes, en muchos establecimientos incluso te ofrecen zumos y refrescos, no quieren que sus habitantes mueran deshidratados en las calles.

Fomentar el atractivo turístico del país es una de sus cuentas pendientes, no por su imagen de escasa apertura y gran censura, sino por: la alta contaminación de sus aguas, la suciedad de sus playas, la falta de información y oferta turística o la dejadez de lugares como Green Island, la primera isla artificial construida en los emiratos que parece abandonada, o el Kuwait Entertainment City, el parque de atracciones más grande del mundo árabe al que solo le faltan los fantasmas. Muy a mi pesar, el único atractivo de Kuwait hasta la fecha son sus iluminados rascacielos, sus enormes centros comerciales y, mi lugar favorito, el zoco. Porque ni si quiera el desierto es el idílico lugar en el que desconectar rodeado de silencio, dunas y camellos, es más bien una infinita llanura de tierra seca, polvo y torres de electricidad. A pesar de todo ello, el país tiene un encanto especial y gracias a las personas del lugar uno termina encontrándose como en casa.

Lugar: Desierto de Kuwait. Fotografía: Bunny BellaVita.

Lugar: Desierto de Kuwait.
Fotografía: Tania Pastor.

Lugar: Desierto de Kuwait. Fotografía: Bunny BellaVita.

Lugar: Desierto de Kuwait.
Fotografía: Tania Pastor.

Es algo de lo que pueden sentirse muy orgullosos, la hospitalidad y generosidad está siempre presente, por lo menos hacia el extranjero europeo. Porque en algunos casos se advierte un racismo selectivo hacia pakistanís, indios y filipinos, las personas que utilizan como mano de obra barata para levantar los cimientos de su país soñado de lujo y rascacielos. Personas que dan lo poco que tienen con una sonrisa y que aunque la mayoría de veces ni si quiera te entienden, se ofrecen serviciales a sus tareas y son incapaces de negarte cualquier cosa. La mayoría abandonaron a sus familias para mejorar en la distancia su calidad de vida, un sacrificio voluntario que los mantiene lejos durante años, por desgracia la mayoría no pisarán su tierra hasta el esperado final de contrato, algunas empresas les retienen los pasaportes para que no puedan abandonar el país.

Una cuestión en la que no he podido indagar es dónde queda la educación de los niños y niñas kuwaitís, menores a los que parece consentírseles todo, que por lo general serán enviados al extranjero a estudiar en cuanto lleguen a la universidad y que cuando crezcan puede que sean auténticos desconocidos para sus padres. Pues es normal que algunas familias tengan dos o incluso tres niñeras extranjeras que los acompañan a todas partes. Chicas internas que cuidan de los pequeños de la casa vigiladas por cámaras durante las 24 horas del día. Las empresas cobran altos precios por ofrecer estos servicios, pero las trabajadoras, que por suerte disponen de techo y comida, finalmente ganaran un poco de dinero para seguir enviando a sus verdaderas familias.

El inmigrante que viene de países considerados menos desarrollados vive una especie de esclavitud encubierta, injustamente remunerada y absolutamente necesaria. Pues Kuwait es un país en construcción, en el que su población exige continuamente todo tipo de servicios, y los kuwaitís se reservan únicamente para trabajos de oficina y altos cargos. Algo que poco a poco está cambiando, las huelgas en defensa de los derechos de los trabajadores han comenzado.

Influencias tras la guerra.

Kuwait se independizó del Reino Unido en 1961. Irak siempre lo ha reclamado como parte de su territorio, por lo que en 1990 Saddam Hussein invadió el país, una ocupación militar que provocó la intervención de Estados Unidos, estallando así la Guerra del Golfo que devolvió la liberación al país en 1991. Kuwait es hoy un país independiente de importancia estratégica tanto desde la perspectiva militar, por su cercanía a Irak, como económica, por sus reservas de petróleo.

Las marcas de la guerra todavía siguen muy presentes en la ciudad y en su población, que cada año celebra su independencia a finales de febrero luciendo armamento y ejercito por sus calles. Mientras los ciudadanos, pequeños y grandes disfrazados con los colores de su bandera, se enfrentan con pistolas de agua en una pacífica guerra de la que saldrán empapados. Tras una rápida reconstrucción algunos parecen haber olvidado que antes eran nómadas del desierto, que sus vestimentas cobran verdadero sentido bajo una tormenta de arena, que en los años 70 se vendía alcohol y las mujeres vestían minifaldas sin pañuelos sobre la cabeza. La historia les ha hecho evolucionar y desarrollarse, para algunas personas el país camina a pasos de gigante, para otras en muchos aspectos esos pasos no van precisamente hacia delante.

Desde entonces la influencia americana es constante, sus vidas se basan en el sistema capitalista del mercado, ya sea porque su supervivencia depende del precio del petróleo o porque tienen tanto dinero que no saben en que gastarlo. Se pasan los días comprando, atrapados en gigantescos centros comerciales atestados de lujosas marcas y restaurantes de comida rápida. Las temperaturas son tan altas al aire libre que los han decorado como si fueran ciudades, lugares en los que pasar días enteros consumiendo.

Lugar: Zoco de Kuwait. Fotografía: Bunny BellaVita.

Lugar: Zoco Al-Mubarakiya, Kuwait.
Fotografía: Tania Pastor.

La gastronomía tradicional se concentra sobretodo en el zoco de la ciudad, por lo que no es de extrañar que con tanta comida rápida, refrescos y grasas saturadas a su alcance, la población kuwaití forme parte de los índices de obesidad más altos del mundo. Directa herencia norteamericana, así como el consumo compulsivo de las últimas tendencias, marcas registradas de la globalización internacional y el capitalismo neoliberal en el que, si las cosas no cambian, el sistema de mercado los sumergirá a marchas forzadas.

La libertad del burka.

Unos ojos posiblemente maquillados al extremo, cubiertos de largas pestañas postizas y lentillas de colores, es lo único que deja ver una mujer bajo una túnica negra que le cubre de los pies a la cabeza. A pesar de ello se intuye su belleza, oculta y misteriosa para unos hombre que aun así la observan.

Lugar: Zoco Al-Mubarakiya, Kuwait. Fotografía: Bunny BellaVita.

Lugar: Taller de costura en zoco Al-Mubarakiya, Kuwait.
Fotografía: Tania Pastor.

En Kuwait hay de todo, desde el negro burka o niqab que tapa por completo el cuerpo dejando ver únicamente los ojos, hasta mujeres que cubren el cabello con discretos o llamativos pañuelos (velo o hiyab) y visten de forma occidental o tradicional. Entre ellas destacan las adictas a las operaciones de estética y al maquillaje en extremo, que lucen melenas de peluquería a diario y llevan la última moda de pasarela, chicas que incluso arriesgan enseñando escote o piernas. Aun que es curioso ocultar la belleza cuando gastas verdaderas fortunas en ropa de alta costura y estética, muchas deciden llevar el burka, un traje tradicional que mantiene un misterio del pasado, algo perdido en el tiempo. Una prenda, que como el pañuelo, cobra total sentido cuando te enfrentas a las tan comunes tormentas de arena.

Lugar: Centro comercial Avenius, Kuwait. Fotografía: Bunny BellaVita.

Lugar: Centro comercial Avenius, Kuwait.
Fotografía: Tania Pastor.

Se dice que el burka era utilizado por las mujeres de alto poder adquisitivo para pasar desapercibidas entre el resto de la población, para que sus ropas y joyas no llamaran la atención en las calles, zocos y mercados, para aparentar la igualdad en una sociedad desigual. Y es que la religión musulmana no busca la ostentación sino la discreción, aun que en un país como Kuwait, en el que la influencia americana está haciendo estragos, esta parte del libro sagrado ha pasado a mejor vida. Pues hoy en día parece que ese es su principal fin en la vida, llamar la atención por encima de todo. Tener la última tecnología, la ropa más cara, las pestañas más largas, el coche más llamativo, la casa más grande… Con la imposición de las nuevas tecnologías y las redes sociales el “postureo” está a la orden del día.

Indicios que nos llevan a una cuestión internacional, la libertad. Y es que lo verdaderamente importante no es la forma de vestir, sino que tengas la total libertad de decidir tu misma sobre ello. Las adictas a la moda y al consumo, a pesar de mostrarse al mundo, nunca podrán considerarse más libres que una mujer que por convicción, ya sea cultural o religiosa, haya decidido ella misma cubrir su cabello o incluso vestir burka.

mafaldaOtros aspectos a censurar.

A parte de la vestimenta tradicional, que para los hombres es una túnica blanca (dishdasha) y un pañuelo de cuadros rojos y blancos cubriendo la cabeza (ghutra), hay otros aspectos de sus vidas que llaman la atención a una persona occidental. No expresar sentimientos en público, evitar los roces y el contacto físico, nada de besos y abrazos, solo están permitidos con personas del mismo sexo. Cosas que a un español le nacen sin pensar, que difícil evitar cantar, bailar o simplemente sonreír a la vida, cosas que allí debes ocultar a los demás. Pero que bonito descubrir que en el fondo envidian nuestra naturalidad, que la gran mayoría en Kuwait ya respeta las expresiones culturales de los demás, siempre y cuando no influya en su forma de pensar.

Desde mi punto de vista es una pena que hombres y mujeres no puedan expresarse juntos con naturalidad, que hagan vidas separadas incluso después del matrimonio. Una boda que en muchos casos se celebra por conveniencia, pues los noviazgos suelen durar poco y ellas son muy jóvenes cuando las parejas se comprometen. Una celebración, que como en muchas otras, casi todo se hace por separado, los hombre por un lado y las mujeres por otro. Ellas afirman que es cuando realmente se sienten libres, pueden bailar, cantar… ser felices. Ambas familias deben aceptar el enlace así que para lograr el compromiso lo primero que se necesita es un buen apellido, Kuwait es un país pequeño y es fácil conocer las historias de los comprometidos. Ellos pueden casarse hasta con cuatro mujeres distintas, siempre que la primera lo permita y que el hombre sea capaz de mantener a sus diferentes familias de forma totalmente justa, algo bastante imposible por lo que la poligamia no se suele dar. Ellas no pueden casarse con ningún extranjero y ellos aun que pueden, no suelen hacerlo. Normas que aseguran la riqueza de los kuwaitís y la continuidad de sus creencias y tradiciones culturales.

La religión musulmana prohíbe el consumo de alcohol, algo que Kuwait ha incluido en su legislación, por lo tanto no puedes encontrar ningún producto con alcohol en cafeterías, restaurantes o supermercados. Me alegro de ello porque si añadiéramos alcohol a su forma de conducir y a los coches de los que disponen, la mayoría ya estarían muertos. Lo mismo pasa con la carne de cerdo, para un musulmán está prohibido comerlo, así que directamente no se comercializa con ellos. Como ocurre en todos los países con otras drogas, existe un contrabando de estos productos, a los que se puede acceder pagando precios desorbitados o asistiendo a fiestas privadas. Que son las únicas fiestas posibles porque tampoco existen bares ni discotecas en las que poder tomar algo y bailar, otro de los “conjuros satánicos” que no se pueden ejercer en público. Igual que la homosexualidad o la prostitución, otros pecados que en los países árabes “tampoco existen”.

Resulta curioso que los habitantes del lugar pasen los días viajando al extranjero para sentirse libres, que todos conozcan lugares como Marbella, Ibiza o la costa del Mediterráneo, lugares famosos por su “seriedad y sobriedad”, o mejor dicho por el derrochar y el pecar. Espero que se entiendan las últimas ironías, pues demostrado queda que abunda la hipocresía entre algunos mortales, que a menudo ocultan los pecados a su dios para seguir adelante.

.: Tania Pastor :.

Torres Kuwait

Lugar: Torres de Kuwait. Fotografías: Tania Pastor.

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Categorías: Desarrollo Turístico., Nómada por naturaleza. | Etiquetas: , , , , | 1 comentario

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Un pensamiento en “Kuwait, derrochar sin pecar.

  1. Laura

    Excelente referencia de este país. Gracias.

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